mitologia andina - tata santiago
Posted 13th April 2009 at 01:24 AM by rushdie
Pero el conquistador español cuenta con un arma poderosa para consumar la conquista; más poderosa que los caballos, el hierro y la pólvora: el espíritu cristiano. La cruz que ha desbaratado imperios más poderosos y ha echado por tierra más sólidas fortalezas. La fe terminará lo que comenzó la pólvora.
Felipe Cossio del Pomar (El mundo de los incas).
Como es sabido, los primeros españoles que iban rumbo a los Andes ingresaron a Cajamarca a fines de 1532, apresando al inca Atahualpa para darle muerte en julio del año siguiente. Luego de la toma del Cuzco lograda a fuerza de diversos conflictos y escaramuzas, los conquistadores decidieron reconocer y “coronar” a Manco (también llamado Manco II) como heredero del “trono” inca, todo con el fin de facilitar el gobierno español y tranquilizar a la conmocionada e inquieta población local. Sin embargo la paz duró poco, pues Manco, si bien a un principio colaboró con los extranjeros, decidió escapar del Cuzco y organizar una rebelión contra los invasores en mayo de 1536. A partir de este momento las fuerzas incas llegadas de distintos confines y compuestas por decenas de miles de guerreros ya convencidos de que los españoles no eran wiracochas, comenzaron un esforzado y sangriento cerco al Cuzco que duró más de cuatro meses: las flechas incas con yesca prendida incendiaron la ciudad, viéndose los reducidos españoles en la obligación de huir de sus casas y formar un círculo en las edificaciones vecinas a la plaza de Aucaypata, resistiendo apenas las piedras y los ataques de los insurrectos. Así, el famoso cerco de Manco al Cuzco dio origen a una curiosa epopeya, y es que, cuando los agotados y desbastecidos españoles estaban a punto de ser irremediablemente vencidos, un milagro realizado por la Virgen María habría hecho que los refugios de los sitiados no se quemen pese a las flechas incendiarias. Aún más, la propia Virgen apareció echando tierra o alguna sustancia a los ojos de los indígenas cegándolos y atenuando sus ataques. Con todo, en medio de la niebla roja de la guerra los incas tomaron la fortaleza llamada Sacsahuamán, pero los “milagros” españoles no cesaban pues de pronto apareció el Apóstol Santiago, llamado entre los españoles Santiago “matamoros” , quien montado en su caballo blanco y blandiendo una gran espada comenzó a matar indios rodeado de grandes estruendos que los naturales creyeron truenos. De este modo el desaliento se extendió entre los sitiadores, pese a lo cual el cerco inca continuó por un tiempo más aunque fue perdiendo fuerza y eficacia hasta ser finalmente derrotado (Guaman Poma).
Señor Santiago Mayor de Galicia, apóstol de Jesucristo, en esta hora que estaua asercado los cristianos, hizo otro milagro Dios, muy grande, en la ciudad el Cuzco.
Dizen que lo uieron a uista de ojos, que auajó el Señor Sanctiago con un trueno muy grande. Como rrayo cayó del cielo a la fortalesa del Inga, llamado Sacsaguaman [...]. Y como cayó en tierra se espantaron los indios y digeron que abía caydo yllapa , trueno y rrayo del cielo, caccha , de los cristianos, fabor de cristianos. Y ancí auajó el señor de Sanctiago a defender a los cristianos.
Dizen que bino encima de un cauallo blanco, que trayya el dicho caballo pluma, suri , y mucho cascabel enxaesado y el sancto todo armado con su rrodela y su uandera y su manta colorado y su espada desnuda y que uenía con gran destruyción y muerto muy muchos indios y desbarató todo el serco de los indios a los cristianos que auía ordenado Mango Inga y que lleuaua el santo mucho rruydo [...].
Y desde entonses los yndios al rrayo les llama y les dize sanctiago, porque el sancto cayó en tierra como rrayo, yllapa, [...] Y ancí los yndios son testigos de uista del señor sanctiago y se deue guardarse esta dicha fiesta del señor santiago en este rreyno como pascua porque del milagro de Dios y del señor santiago se ganó
José Antonio del Busto Duthurburu (2005:114) sugiere que los españoles, en su desesperación, llevaron a cabo una suerte de “guerra mística” para romper el cerco. Pero ¿cómo entender la noción de “guerra mística”? Tal vez los españoles apelaron a su pretendida reputación de seres sobrenaturales y de algún ingenioso modo “hicieron aparecer” a la Virgen María, quien cegaba a los indios con alguna sustancia, mientras el apóstol Santiago, o un impostor disfrazado y rodeado de explosiones, aparecía matando fácilmente a los guerreros incas presas del pánico y del desconcierto. Frente a estos extraordinarios sucesos sería realmente difícil, o quizá imposible, establecer cualquier nivel de veracidad. Lo interesante aquí es que la identificación indígena de Illapa con Santiago pervive hasta hoy en el imaginario andino. Un afamado amauta de Tiwanaku llamado Policarpio Flores Apaza señalaba no hace mucho:
Por el rayo vivimos en el campo. Sino hubiera rayo, en el campo no podría haber cosecha, no podría haber fruto de la papa, tampoco podría retoñar ningún árbol ni cereal. El rayo sí que sacude toda la tierra, así he aprendido de los que conocen a la Pacha Mama. Se dice que cuando el Tata Santiago nos manda un rayo debemos preparar el incienso y ofrecerle. [...] al preparar el incienso debemos pedir con las siguientes palabras: “no nos vas a mandar ningún rayo, con tu q’urawa te los vas a amarrar” . Si se quiere ir a pedir perdón o una bendición del Tata Santiago, hay que ir con la familia […] porque tiene una honda de fierro, y con ella manda rayos. Por eso es sagrado cumplir en su día, que es el 25 de julio. [...] “Sabe hondear con truenos” decían nuestros abuelos (2005: 117).
Efectivamente, el santo del catolicismo que más se ha arraigado en la religiosidad indígena y popular andina es Santiago: se tiene la plena certeza de que forja los rayos y los envía a la tierra, o incluso se considera que es él mismo el que opera convertido en rayo . Además, quien es tocado por la descarga eléctrica celestial y sobrevive está destinado a convertirse en yatiri o amauta, y los lugares donde ha caído son venerados y tenidos por sagrados. De este modo Santiago pasó a convertirse paradójicamente en una figura central del “panteón” andino, siendo también el santo patrono de los yatiris, además de que su fiesta, realizada todos los 25 de julio, es todavía ampliamente celebrada en varios lugares de Bolivia incluso por ciertos segmentos de las clases medias. Sin duda la apropiación a mediano plazo de la figura simbólica del “matamoros” convertido en “mataindios” conlleva esferas más complejas de análisis que requieren ser ampliadas en otro lugar. Aquí solamente quiero destacar dos aspectos. En primer lugar, la operación simbólica de los colonizadores puesta en juego en medio del cerco al Cuzco parece haber contribuido al triunfo español, y también a la difusión más amplia del cristianismo a corto plazo en el centro del poder incaico. Sin embargo el Santiago adversario de los indios es convertido con el tiempo en un aliado de ellos, lo que evidencia que un mito, en tanto construcción social, es susceptible de giros y cambios inesperados, pues actualmente la invocación indígena y popular a Santiago en pos de favores diversos parece tener resultados convincentes y efectivos para sus devotos.
Felipe Cossio del Pomar (El mundo de los incas).
Como es sabido, los primeros españoles que iban rumbo a los Andes ingresaron a Cajamarca a fines de 1532, apresando al inca Atahualpa para darle muerte en julio del año siguiente. Luego de la toma del Cuzco lograda a fuerza de diversos conflictos y escaramuzas, los conquistadores decidieron reconocer y “coronar” a Manco (también llamado Manco II) como heredero del “trono” inca, todo con el fin de facilitar el gobierno español y tranquilizar a la conmocionada e inquieta población local. Sin embargo la paz duró poco, pues Manco, si bien a un principio colaboró con los extranjeros, decidió escapar del Cuzco y organizar una rebelión contra los invasores en mayo de 1536. A partir de este momento las fuerzas incas llegadas de distintos confines y compuestas por decenas de miles de guerreros ya convencidos de que los españoles no eran wiracochas, comenzaron un esforzado y sangriento cerco al Cuzco que duró más de cuatro meses: las flechas incas con yesca prendida incendiaron la ciudad, viéndose los reducidos españoles en la obligación de huir de sus casas y formar un círculo en las edificaciones vecinas a la plaza de Aucaypata, resistiendo apenas las piedras y los ataques de los insurrectos. Así, el famoso cerco de Manco al Cuzco dio origen a una curiosa epopeya, y es que, cuando los agotados y desbastecidos españoles estaban a punto de ser irremediablemente vencidos, un milagro realizado por la Virgen María habría hecho que los refugios de los sitiados no se quemen pese a las flechas incendiarias. Aún más, la propia Virgen apareció echando tierra o alguna sustancia a los ojos de los indígenas cegándolos y atenuando sus ataques. Con todo, en medio de la niebla roja de la guerra los incas tomaron la fortaleza llamada Sacsahuamán, pero los “milagros” españoles no cesaban pues de pronto apareció el Apóstol Santiago, llamado entre los españoles Santiago “matamoros” , quien montado en su caballo blanco y blandiendo una gran espada comenzó a matar indios rodeado de grandes estruendos que los naturales creyeron truenos. De este modo el desaliento se extendió entre los sitiadores, pese a lo cual el cerco inca continuó por un tiempo más aunque fue perdiendo fuerza y eficacia hasta ser finalmente derrotado (Guaman Poma).
Señor Santiago Mayor de Galicia, apóstol de Jesucristo, en esta hora que estaua asercado los cristianos, hizo otro milagro Dios, muy grande, en la ciudad el Cuzco.
Dizen que lo uieron a uista de ojos, que auajó el Señor Sanctiago con un trueno muy grande. Como rrayo cayó del cielo a la fortalesa del Inga, llamado Sacsaguaman [...]. Y como cayó en tierra se espantaron los indios y digeron que abía caydo yllapa , trueno y rrayo del cielo, caccha , de los cristianos, fabor de cristianos. Y ancí auajó el señor de Sanctiago a defender a los cristianos.
Dizen que bino encima de un cauallo blanco, que trayya el dicho caballo pluma, suri , y mucho cascabel enxaesado y el sancto todo armado con su rrodela y su uandera y su manta colorado y su espada desnuda y que uenía con gran destruyción y muerto muy muchos indios y desbarató todo el serco de los indios a los cristianos que auía ordenado Mango Inga y que lleuaua el santo mucho rruydo [...].
Y desde entonses los yndios al rrayo les llama y les dize sanctiago, porque el sancto cayó en tierra como rrayo, yllapa, [...] Y ancí los yndios son testigos de uista del señor sanctiago y se deue guardarse esta dicha fiesta del señor santiago en este rreyno como pascua porque del milagro de Dios y del señor santiago se ganó
José Antonio del Busto Duthurburu (2005:114) sugiere que los españoles, en su desesperación, llevaron a cabo una suerte de “guerra mística” para romper el cerco. Pero ¿cómo entender la noción de “guerra mística”? Tal vez los españoles apelaron a su pretendida reputación de seres sobrenaturales y de algún ingenioso modo “hicieron aparecer” a la Virgen María, quien cegaba a los indios con alguna sustancia, mientras el apóstol Santiago, o un impostor disfrazado y rodeado de explosiones, aparecía matando fácilmente a los guerreros incas presas del pánico y del desconcierto. Frente a estos extraordinarios sucesos sería realmente difícil, o quizá imposible, establecer cualquier nivel de veracidad. Lo interesante aquí es que la identificación indígena de Illapa con Santiago pervive hasta hoy en el imaginario andino. Un afamado amauta de Tiwanaku llamado Policarpio Flores Apaza señalaba no hace mucho:
Por el rayo vivimos en el campo. Sino hubiera rayo, en el campo no podría haber cosecha, no podría haber fruto de la papa, tampoco podría retoñar ningún árbol ni cereal. El rayo sí que sacude toda la tierra, así he aprendido de los que conocen a la Pacha Mama. Se dice que cuando el Tata Santiago nos manda un rayo debemos preparar el incienso y ofrecerle. [...] al preparar el incienso debemos pedir con las siguientes palabras: “no nos vas a mandar ningún rayo, con tu q’urawa te los vas a amarrar” . Si se quiere ir a pedir perdón o una bendición del Tata Santiago, hay que ir con la familia […] porque tiene una honda de fierro, y con ella manda rayos. Por eso es sagrado cumplir en su día, que es el 25 de julio. [...] “Sabe hondear con truenos” decían nuestros abuelos (2005: 117).
Efectivamente, el santo del catolicismo que más se ha arraigado en la religiosidad indígena y popular andina es Santiago: se tiene la plena certeza de que forja los rayos y los envía a la tierra, o incluso se considera que es él mismo el que opera convertido en rayo . Además, quien es tocado por la descarga eléctrica celestial y sobrevive está destinado a convertirse en yatiri o amauta, y los lugares donde ha caído son venerados y tenidos por sagrados. De este modo Santiago pasó a convertirse paradójicamente en una figura central del “panteón” andino, siendo también el santo patrono de los yatiris, además de que su fiesta, realizada todos los 25 de julio, es todavía ampliamente celebrada en varios lugares de Bolivia incluso por ciertos segmentos de las clases medias. Sin duda la apropiación a mediano plazo de la figura simbólica del “matamoros” convertido en “mataindios” conlleva esferas más complejas de análisis que requieren ser ampliadas en otro lugar. Aquí solamente quiero destacar dos aspectos. En primer lugar, la operación simbólica de los colonizadores puesta en juego en medio del cerco al Cuzco parece haber contribuido al triunfo español, y también a la difusión más amplia del cristianismo a corto plazo en el centro del poder incaico. Sin embargo el Santiago adversario de los indios es convertido con el tiempo en un aliado de ellos, lo que evidencia que un mito, en tanto construcción social, es susceptible de giros y cambios inesperados, pues actualmente la invocación indígena y popular a Santiago en pos de favores diversos parece tener resultados convincentes y efectivos para sus devotos.
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