"La franqueza es la regla de oro", señala el belga Etienne Davignon, presidente del comité organizador, que tiene
claro que "si Bilderberg es un éxito se debe a que nadie molesta a nadie; cada participante juzga útil escuchar una
cosa distinta de la que está acostumbrado a oír".
Es curioso observar que los participantes a estas reuniones lo hacen a título personal, no en representación de
países o corporaciones. Una característica que enfatiza, aún más, sobre el carácter del Club Bilderberg y su
filosofía: "ya que los gobiernos son incapaces de llegar a acuerdos en los grandes asuntos nadie mejor que la
iniciativa particular para lograr este fin". David Rockefeller, participante en todas las reuniones desde que el club
se fundara en 1.954 y fundador de la Comisión Trilateral declaraba a la revista Newsweek en febrero de 1.999:
"Algo debe reemplazar a los gobiernos y el poder privado me parece la entidad adecuada para hacerlo".
Los asistentes a la reunión anual del club nunca revelan que ellos están asistiendo, aunque en los últimos años y
gracias a la prensa independiente, es posible detectar la presencia de alguno de ellos. Gracias a ese esfuerzo se ha
logrado conocer la asistencia de Juan Luis Cebrián, grupo Prisa; Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial;
Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de Estados Unidos; David Rockefeller, fundador de la Comisión
Trilateral y ex responsable de la Chase Manhattan Bank, Henry A. Kissinger, ex secretario de Estado de los
EEUU y artífice del golpe de Estado contra Salvador Allende; Alan Greenspan, gobernador del Banco de la
Reserva Federal de Estados Unidos. Tampoco faltan personajes como Jaap de Hoop Scheffer, secretario general
de la OTAN; el actual director gerente del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato, o la presidenta de la
Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, por citar sólo algunos de los que han acudido y siguen acudiendo a
tan selecto club.
Rosas y espinas
La reunión de este año tiene sobre la mesa varios temas espinosos. No se trata ya de la recurrente Irak; ahora hay
otros escenarios que conviene analizar con cautela antes de asignar la correspondiente terapia. La cada vez más
fortalecida alianza entre el dictador cubano Fidel Castro y su correligionario Hugo Chávez, presidente de
Venezuela, es también motivo de alerta. Lo de menos son los barriles de petróleo que el otrora golpista
venezolano envía a Cuba permitiendo que la economía no se desplome, lo que importa es el órdago lanzado por
tan singular pareja de mandatarios en torno al Tratado de Libre Comercio. La Habana fue el pasado sábado
escenario de un acuerdo que pretende dar inicio a un nuevo estado de cosas. Frente al tratado diseñado por los
bilderberg, Hugo Chávez sitúa su Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), calificada como una
propuesta "revolucionaria" que pretende exportar a la región. Tocará mover ficha al club, pero no al estilo de
Henry A. Kissinger, actual miembro del club y antiguo secretario de Estado de USA que promovió el golpe de
estado en Chile y desestabilizó la zona para evitar la proliferación de gobiernos socialistas.
Otro asunto sobre la mesa: China y el comercio textil. La cuota de mercado mundial que China tiene en este
sector estratégico representa ya el 62% y hay expertos que aseguran que puede incrementarse hasta un 75% en un
plazo no superior a los cinco años. La imparable trayectoria china amenaza la estabilidad de países como
Tailandia, Bangladesh, Marruecos, Túnez y Egipto porque buena parte de su población depende del mercado
textil. Un ejemplo, en Marruecos el sector da empleo a unas 700.000 personas. China exporta su ropa a un precio
un 58% inferior al del resto del mundo; esta circunstancia es acogida de forma favorable por los consumidores,
pero causa auténticos quebraderos de cabeza a los industriales de Mataró, por citar un caso próximo.
El actual presidente francés, Jacques Chirac, asistente en más de una ocasión a las reuniones del club, advertía de
forma tajante que "no podemos aceptar que estos productos invadan nuestros países sin ninguna regulación". Una
llamada de atención que cuenta ya con el aplauso de las patronales y de los sindicatos de la Unión Europea y los
Estados Unidos de Norteamérica.
Como señala Mateo Balín, "estamos ante una visión de la democracia teledirigida. Y no sólo puesta en práctica
por los bilderberg. El Bohemia Club, la Comisión Trilateral o el Club de Roma aparecen como ramificaciones
donde el gran poder negocia las políticas globales a la sombra de los debates públicos"
Cada mes de mayo una caravana de limusinas negras se dirige hasta el hotel escogido por la organización. En su
interior, un centenar de banqueros, jefes de gobierno, economistas, presidentes de multinacionales, académicos y
responsables de los medios de comunicación. Todos ellos se encierran durante un intenso fin de semana pocos
días antes de la reunión del G8. El sistema de seguridad para proteger a este grupo es tan elitista como sus
miembros. Entre ellos, varios agentes de la CIA.
La prensa está prohibida. Nadie informa sobre lo que allí se debate, no hay fotos oficiales. Las reuniones anuales
de esta selecta asociación, conocida como Club Bilderberg, se celebran desde 1954 en “una atmósfera de estricto
secretismo”. Así las define la mismísima Enciclopedia Británica. Ellos se defienden de las acusaciones de
“oscurantismo” alegando que no son “un club secreto, sino privado”.
La última edición de la cumbre de Bilderberg se celebró entre el 15 y el 18 de 2003 en el Hotel Trianon Park de
Versalles. La prensa convencional apenas si ha publicado unas líneas sobre el encuentro, a pesar de que la
combinación de invitados es más que llamativa y “noticiable”. Para empezar, ¿qué hacen bajo el mismo techo los
directivos de France Telecom, la Coca-Cola, The Wall Street Journal, el consejero de Relaciones Públicas de
Tony Blair, la Banca Morgan, el gobernador del Banco de Francia y el primer ministro de Dinamarca?
La cosa no queda ahí. Entre los políticos desplazados hasta Versalles también se hallaban relevantes miembros
de la Administración Bush como Richard Perle y Paul Wolfowitz; el ex presidente francés Valery Giscard
D’Estaing (artífice del proyecto de Constitución Europea), Anna Lindh (la ministra de Asuntos Exteriores sueca
asesinada el pasado septiembre), Klaus Schwab (presidente del Foro de Davos) y José M. Durao (primer ministro
portugués).
Otras multinacionales y empresas congregadas en Bilderberg 2003 fueron la Danone, la Danish Oil and Gas
Corporation y la Heineken N.V.. Entre los representantes de los medios de comunicación, estaban Juan Luis
Cebrián (Prisa) y periodistas de Die Zeit, La Republica, Le Figaro y The New York Times.
Poco se sabe de las conclusiones a las que llegaron los citados en Versalles. Sólo algunas filtraciones publicadas
por la prensa independiente dejan entrever cierto malestar a causa de la invasión de Irak. Donald Rumsfeld, un
ilustre bilderberger, había asegurado el año anterior que no habría guerra. Durante esta edición se hizo sentir la
división entre ambos lados del Atlántico a causa del conflicto iraquí. Ello es motivo de disgusto para los padres
de Bilderberg, quienes, precisamente, crearon el grupo con el fin de fortalecer el vínculo trasatlántico.
'Sumos sacerdotes del capitalismo'
El príncipe Bernardo de Holanda fue el primero en imaginar “una entidad destinada a fortalecer la unidad
atlántica, a frenar el expansionismo soviético y a fomentar la cooperación y el desarrollo económico de los países
del área occidental”. Para constituirla, el padre de la actual reina de Holanda contó con el apoyo de la Banca
Rothschild, de Rockefeller y de Henry Kissinger, quienes desde el principio forman parte del núcleo fuerte del
grupo, al que algunos han bautizado como “los sumos sacerdotes del capitalismo”.
Según los expertos en Bilderberg, el Club funciona según el sistema de círculos concéntricos. Concretamente,
esta asociación cuenta con un comité directivo –el Steering Comitte- compuesto por unas cuarenta personas.
Éstas escogen a los invitados de la edición del año en curso según la agenda temática prevista. La norma más o
menos establecida es que cada uno de los miembros del comité directivo invite a otras dos personas. En total,
unas ciento cincuenta personas como máximo.
Los miembros del Steering Comitte debaten sobre los asuntos más discretos. Después, el centenar largo de
asistentes celebra otras reuniones de carácter más general. En ninguno de los casos, las conclusiones se harán
públicas, aunque en los últimos años se emiten unas notas de prensa finales en las que se enuncian los temas
tratados durante el intenso fin de semana. Uno de los más repetidos es el de la energía nuclear. Recientemente, la
biotecnología es otro de los asuntos estrella.


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